Cómo funciona la publicidad en tu sector
La honestidad que mejor te posiciona es explicar dónde está el límite: hay funcionalidades, volúmenes o integraciones que estas herramientas no cubren bien, y forzarlas acaba en un montaje frágil y caro de mantener. Decirlo antes de empezar evita el proyecto que va estupendo tres meses y después se convierte en un problema.
Conviene hablar de la dependencia: el precio puede cambiar, las condiciones también, una función puede desaparecer y llevarse por delante algo que ya funcionaba. No es un motivo para no usarlo, pero sí para saberlo y para plantear desde el principio qué pasaría si hubiera que moverse a otro sitio.
Dicho eso, la ventaja es real y enorme: validar una idea en semanas en vez de meses, poner en marcha una herramienta interna sin un proyecto de desarrollo, automatizar algo que hoy se hace a mano. Comunicar esa velocidad con casos concretos es lo que atrae a quien necesita resolver ya y no puede esperar medio año.
Y lo que de verdad demuestra criterio es saber decir cuándo toca dar el salto: cuándo el volumen, la complejidad o el coste ya no justifican quedarse, y conviene construir algo a medida. Acompañar esa transición, en lugar de defender la herramienta hasta el final, es lo que convierte a un cliente puntual en uno de años.