Cómo funciona la publicidad en tu sector
La regla que hay que explicar desde el principio es que el diseño y la fabricación no son fases separadas: una geometría que no se puede desmoldar, una unión imposible de montar en serie o un material que no se consigue convierten un proyecto bonito en algo inviable. Pensar en cómo se hará, mientras se diseña, es el trabajo.
Conviene explicar que el coste por unidad se decide mucho antes de pedir presupuesto a nadie: en el número de piezas, en el tipo de unión, en los materiales, en las tolerancias exigidas, en si hace falta un molde. Un cliente entiende enseguida que un cambio de diseño puede valer más que cualquier negociación de precio.
Hablar con quien va a fabricar desde el principio ahorra meses: cada proceso tiene sus reglas, sus límites y sus costumbres, y una pieza pensada para uno puede ser un problema para otro. Plantear esa conversación temprana, en lugar de entregar un diseño cerrado, es lo que evita rediseños completos a mitad de camino.
Y el prototipo enseña lo que ningún plano enseña: cómo se agarra, si pesa raro, si el botón cae donde la mano lo busca, si una tapa se abre sola. Defender esa fase, aunque alargue el calendario, es lo que impide fabricar miles de unidades de algo que en la mano resulta incómodo y ya no se puede cambiar.