Cómo funciona la publicidad en tu sector
El atajo que hay que desactivar desde la primera reunión es la lista comprada o extraída: además de ser un problema serio en términos de protección de datos, funciona fatal, genera quejas y puede arrastrar la reputación del remitente. Explicarlo con claridad evita aceptar un encargo que va a acabar mal para todos.
Lo que sí sostiene el canal es el consentimiento: saber cómo llegó cada dirección, poder demostrarlo y haber informado de para qué se iba a usar. Ayudar al cliente a construir eso correctamente desde el principio es menos vistoso que lanzar una campaña, y es lo que permite que el canal siga existiendo dentro de dos años.
La baja debe ser sencilla, visible y respetarse de inmediato. Esconderla, complicarla o seguir enviando después es exactamente lo que convierte a alguien que solo quería dejar de recibir correos en alguien que marca el mensaje como no deseado, lo que hace mucho más daño que perder a ese suscriptor.
Y conviene frenar la tentación de enviar de más: una lista construida durante años se quema en unos meses de correos sin interés. Plantear una frecuencia sostenible, con contenido que alguien quiera abrir, protege el activo del cliente aunque implique enviar menos de lo que la dirección comercial querría en el corto plazo.