Por qué tu negocio necesita un software de gestión
El pilates trabaja en grupos reducidos —reformer, máquinas, esterilla— donde el aforo es estrecho y cada plaza cuenta. Con la reserva de clase con aforo, cada cliente reserva su plaza desde la app y el sistema controla cuántos entran a cada clase, para que salga llena sin masificar. Se acabó apuntar en una lista de papel y descubrir que hay dos personas de más.
El negocio se lleva por bonos de clases, y controlarlos a mano es un lío: cuántas le quedan a cada uno, cuándo caduca. Con el control de bonos lo ves claro, y los recordatorios reducen las plazas reservadas que luego nadie usa —y que en un grupo reducido dejan fuera a otro cliente— liberando el hueco a tiempo. Cada plaza cuenta cuando solo hay unas pocas.
Con el email llenas las franjas flojas del horario, avisas de talleres o retienes a quien ha dejado de venir antes de que se dé de baja. Todo queda en un panel: clases, aforos, bonos y avisos, sin listas en papel a la entrada de la sala.