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La distinción que define tu trabajo: no doler no es estar listo. Volver al gesto de competición exige fuerza, control, tolerancia a la carga y confianza, y saltarse esa fase es la causa de que la misma lesión vuelva. Explicarlo con claridad capta a deportistas que ya han pasado por eso más de una vez.
Por eso hay que dar nombre a la fase que casi todo el mundo se salta: la readaptación, ese tramo entre estar bien en camilla y estar listo para el partido, la carrera o el entrenamiento duro. Es donde se decide si la vuelta sale bien, y comunicarlo es lo que te distingue de quien solo trata el dolor y despide al paciente.
Conviene hablar del calendario, porque es lo que gobierna todo: hay una prueba, una temporada, una fecha, una plaza en el equipo. El deportista quiere volver ya y muchas veces antes de tiempo. Plantear un plan con criterios de progresión, y no con una fecha inventada, es lo honesto y lo que evita la recaída.
Y conviene atender al deportista amateur, que es la mayoría: quien corre, va al gimnasio, juega los fines de semana o se prepara una prueba popular. No tiene un equipo detrás, se informa por internet, entrena con molestias y llega cuando ya no puede más. Hablarle a él, y no solo al profesional, es donde está el volumen.