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Pocas disciplinas de danza pueden decir con honestidad que sirven para cualquier edad y cualquier cuerpo, y esta es una de ellas. Ese es el argumento central y hay que ponerlo por delante, porque le habla directamente a las mujeres que han descartado bailar por creer que no tienen la edad, el tipo o la flexibilidad que hace falta.
El público mayoritario son adultas que nunca han bailado: llegan sin base, con vergüenza y con la idea de que se les ha pasado el momento. Un mensaje que diga explícitamente que se empieza de cero, que no hace falta experiencia previa y que el grupo está formado por gente en la misma situación es lo que hace que se decidan a escribir.
La cultura y la música son parte del atractivo y conviene tratarlas como tal: el origen, los ritmos, los instrumentos, el vestuario. Para mucha gente eso es exactamente lo que la diferencia de una clase de fitness, y explicarlo con respeto y conocimiento aporta una profundidad que una descripción genérica de actividad no consigue.
Y los espectáculos y muestras son el motor emocional del curso: preparar una coreografía, vestirse, subirse a un escenario ante gente conocida. Es lo que hace que se repita al año siguiente, lo que crea grupo y lo que genera el material más auténtico para captar, porque enseña a mujeres normales haciendo algo que la que duda cree que jamás podría hacer.