Cómo funciona la publicidad en tu sector
En una crisis, las primeras horas valen más que todo lo que se haga después: lo que se diga, quién lo diga y cuánto se tarde marcan cómo evoluciona todo. Estar visible y disponible en ese momento —con una vía de contacto que funcione a cualquier hora— es prácticamente la definición del servicio, porque nadie compara despachos con el incendio en marcha.
El error más repetido es el silencio: esperar a tener toda la información antes de decir nada. Mientras tanto, el vacío lo llenan otros. Explicar que se puede comunicar sin tener todas las respuestas —reconocer lo que se sabe, decir qué se está haciendo y cuándo se informará— es de lo más útil que puedes publicar para una dirección asustada.
Y hay un producto preventivo que casi nadie compra hasta que le pasa algo: el plan previo. Quién habla, quién decide, qué se dice en las primeras horas, qué escenarios son probables, quién avisa a quién. Cuesta poco comparado con una crisis mal gestionada, y comunicarlo como seguro y no como gasto abre una vía de trabajo en calma.
Conviene además ser claro sobre lo que no se puede hacer: no se puede hacer desaparecer un hecho, ni convertir una mala noticia en buena. Lo que se puede es evitar que empeore, proteger lo que aún está intacto y acelerar la salida. Prometer más que eso es lo que quema la credibilidad en un momento en el que la credibilidad es todo.