Cómo funciona la publicidad en tu sector
Una cafetería vive de la repetición: la misma gente, cada mañana, a la misma hora. Eso significa que la prioridad no es aparecer ante desconocidos sino ser la opción evidente del barrio y de las oficinas de alrededor. Estar bien situado en el mapa, con horarios exactos y fotos que se correspondan con la realidad, es lo que capta a quien pasa por delante todos los días y aún no ha entrado.
El grueso de la caja está en el desayuno y la media mañana, con tickets pequeños y mucha rotación. Comunicar qué se ofrece exactamente a esa hora —qué desayunos, a qué precio, si hay para llevar, si se puede pedir con antelación— es más rentable que hablar de la carta general, porque es la franja donde se gana o se pierde el día.
Hay un público que muchas cafeterías ni consideran: quien trabaja con el portátil o queda a hablar de trabajo. Busca enchufes, wifi que funcione, una mesa donde quepa el ordenador y que no le echen a los veinte minutos. Decir explícitamente que ese uso es bienvenido, y en qué horarios, atrae a un cliente que consume varias veces y se queda.
Y la terraza cambia por completo el negocio: multiplica el aforo, capta al que pasa y alarga la estancia. Enseñarla, decir si tiene sombra, si hay calefacción en invierno, si es tranquila o ruidosa y si se puede reservar es información práctica que decide entre dos cafeterías de la misma calle.