Cómo funciona la publicidad en tu sector
Lo primero que un comprador profesional mira no es el render: es la licencia. Si puede usarlo comercialmente, si vale para un producto que se distribuye, si puede modificarlo, si puede incluirlo en algo que revende, si sirve para un cliente final o solo para uso propio. Escribirlo con claridad vende más que cualquier imagen espectacular.
El segundo criterio es que sea utilizable: geometría ordenada, un peso razonable, escala correcta, materiales bien montados, nombres que se entienden. Un modelo precioso que llega desordenado y pesa una barbaridad da más trabajo del que ahorra, y quien compra una vez algo así no vuelve a comprarte nunca.
Conviene decir para qué uso está preparado cada pieza: no es lo mismo algo pensado para una imagen fija que para un videojuego, para impresión o para visualización en tiempo real. Indicarlo evita devoluciones, malas valoraciones y, sobre todo, la fama de vender cosas que no encajan donde el comprador las necesitaba.
Y conviene tener resuelta la parte comercial de un producto digital: qué información previa se da, qué ocurre con el derecho de desistimiento en una descarga, cómo se gestiona una incidencia, si hay actualizaciones incluidas y qué pasa si aparece un fallo en el archivo. Tenerlo publicado transmite seriedad antes de la primera compra.