Cómo funciona la publicidad en tu sector
Lo primero que filtra es el estilo. Documental, posado, natural, editorial, en blanco y negro: la pareja busca fotos que se parezcan a las que quiere tener, y lo sabe en cuanto abre una galería. Por eso el portfolio no acompaña al argumento, es el argumento, y conviene enseñar bodas completas y no solo los tres mejores retratos, porque lo que se compra es cómo se ve el día entero contado.
El segundo filtro es absoluto: la fecha. Si no estás libre, no hay nada que hablar, así que poner fácil comprobar disponibilidad —o al menos preguntarla— ahorra tiempo a todos. Y como se reserva con muchos meses de antelación y en fin de semana, la agenda se llena por temporadas: conviene concentrar la captación cuando quedan huecos y aflojar cuando la temporada está cerrada.
La reserva llega en los picos de compromiso, Navidad y verano, y también justo después de que la pareja cierre el espacio, que suele ser lo primero que reservan. Ese momento —«ya tenemos finca y fecha»— es cuando empiezan a buscar fotógrafo, y estar visible entonces vale más que estarlo durante el resto del año.
Y lo que cierra es la reunión. No se contrata una cámara: se contrata a alguien que va a estar todo el día en los momentos más íntimos. Por eso la conversación previa convierte tantísimo, y por eso conviene que la campaña persiga la videollamada o el café y no una descarga de tarifas. Lo que se decide ahí es si se sienten cómodos contigo, y eso no lo transmite ninguna página.