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El dato más útil que puedes publicar es que existe un plazo para presentar y liquidar el impuesto tras el fallecimiento, prorrogable si se solicita a tiempo. En pleno duelo nadie está pensando en eso, y mucha gente se entera cuando ya ha vencido, con recargos encima de un momento ya bastante duro. Avisar con claridad es un servicio real.
Hay otra cosa que sorprende a mucha gente: las deudas también se heredan. Aceptar una herencia sin conocer su contenido puede significar responder con el patrimonio propio. Explicar que existen formas de aceptar con precaución, y cuándo conviene usarlas, es información valiosísima para quien no tiene claro qué dejó el fallecido.
El conflicto entre herederos es la norma y no la excepción: quien cuidó, quien recibió ayuda en vida, quien vive en la casa, quien quiere vender y quien no. Tratar ese componente emocional con naturalidad, y explicar las vías para desbloquear un reparto, conecta con una situación que muchas familias arrastran durante años sin resolver.
Y el coste de no hacer nada es concreto: una herencia sin repartir bloquea los bienes. No se puede vender el piso, no se accede a las cuentas, la propiedad queda en un limbo y los gastos siguen corriendo. Explicarlo mueve a gente que lleva años posponiéndolo porque creía que no hacer nada era gratis.