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Cuando un portón o una puerta de entrada antigua está deteriorada, la primera idea suele ser cambiarla por una nueva. Explicar que en muchos casos se puede restaurar —recuperando la madera, los herrajes y el aspecto original, y mejorando su funcionamiento— es una alternativa que casi nadie plantea y que muchas veces resulta más razonable en coste y mucho mejor en resultado.
El cliente ideal son las comunidades con portales antiguos: puertas de entrada nobles, deterioradas por el uso y el tiempo, que dan la imagen del edificio entero. Se decide en junta, se compara con el coste de una puerta nueva y hay un administrador como interlocutor. Es un encargo de importe medio que además se ve desde la calle.
El argumento de fondo es que una puerta original tiene un valor que no se compra: madera que hoy no se encuentra, trabajo de carpintería que no se hace, herrajes originales, proporciones propias del edificio. Sustituirla por una puerta moderna empobrece el conjunto, y explicarlo convence tanto a comunidades como a propietarios de casas con carácter.
Y es un trabajo con un antes y después espectacular: una puerta gris, descolgada y desgastada convertida en una pieza que devuelve el aspecto al portal. Publicar esos contrastes de forma constante es la mejor captación posible, porque cualquiera que pase por delante de un portal deteriorado se reconoce en la imagen.