Cómo funciona la publicidad en tu sector
El argumento de partida es sencillo: las ventanas reales no miden lo que mide un estor de tienda, y forzar una medida estándar deja huecos de luz, telas que rozan o instalaciones torcidas. Explicarlo, y contar cómo se mide y se fabrica exactamente para ese hueco, justifica la diferencia de precio frente a la alternativa de gran superficie.
El cliente no busca un estor: busca resolver un problema concreto. Que no entre el sol de la tarde en el salón, que no se vea desde enfrente, que la habitación quede a oscuras para dormir, que no se caliente la casa en verano. Tratar cada uno de esos problemas por separado, con la solución técnica adecuada, capta mucho mejor que un catálogo de telas.
La motorización es el extra que más valor añade y que menos se ofrece: subir todo con un mando, programar horarios, mover estores de ventanas altas o de difícil acceso. Para una vivienda con muchas ventanas, un ventanal grande o una persona mayor, resuelve algo real y sube notablemente el valor del pedido.
Y hay un cliente profesional que compra por lotes y repite: hoteles, restaurantes, oficinas, clínicas. Necesitan telas con determinadas características, cantidades grandes, instalación coordinada y reposición cuando algo se estropea. Es una venta con criterios funcionales y presupuesto, muy distinta de la del particular, y merece su propia comunicación.