Cómo funciona la publicidad en tu sector
Una clínica dental no tiene un público, tiene tres, y cuestan cosas muy distintas. El de urgencia —flemón, diente roto, dolor un domingo— decide en minutos y llama al primero que le coge el teléfono: ahí ganas por estar arriba y por responder, no por ser más barato. El de tratamiento de importe alto —implantes, ortodoncia, estética dental— entra y sale de tu web durante semanas pidiendo presupuesto en tres o cuatro sitios. Y el de revisión o limpieza viene por precio y es el que más barato te sale captar, aunque deje menos. Meterlos a los tres en la misma campaña es la razón número uno de que una cuenta dental no rinda.
En publicidad sanitaria hay reglas, y conviene conocerlas antes de escribir el primer anuncio. La publicidad sanitaria no puede garantizar un resultado ni inducir a error, las ofertas y los precios piden cuidado en cómo se presentan, y Google aplica además sus propias políticas al sector salud. En la práctica eso significa cuidar cómo se anuncian las ofertas, las imágenes de antes y después y las promesas del tipo «sonrisa perfecta en una semana». No es un obstáculo: es una ventaja frente a quien redacta a lo loco y acaba con los anuncios rechazados o la cuenta suspendida a mitad de campaña.
Medimos la primera visita, no el formulario. En una clínica dental la distancia entre «pide cita» y «se sienta en el sillón» es grande, y esa distancia es donde se pierde el dinero. Conectamos las llamadas, los formularios y los mensajes de WhatsApp con la búsqueda que los originó, y cruzamos con las citas que de verdad acuden. Así se ve lo que casi nunca se ve: que algunas búsquedas traen muchas llamadas y pocas visitas, y otras al revés.
El tratamiento caro se decide despacio y con más de una visita a tu web. Quien está valorando un implante o una ortodoncia entra, mira casos, se va a mirar precios a otras tres clínicas y vuelve. El remarketing —volver a aparecer ante quien ya te visitó— es la parte más barata de toda la cuenta y la que más rescata decisiones a medio tomar. Bien montado, con un límite de veces para no agobiar y sin revelar nada del tratamiento que miraba.