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El mensaje más importante es contra la espera: «ya hablará», «cada niño va a su ritmo», «es que es muy pequeño». A veces es cierto y a veces no, y el tiempo que se deja pasar es justo el más valioso. Decir que consultar pronto no adelanta ninguna etiqueta, sino que permite acompañar a tiempo, es lo que hace que una familia dé el paso.
Conviene explicar por qué la edad importa: en los primeros años el desarrollo avanza muy deprisa y el apoyo en ese momento se aprovecha mejor que más adelante. No hay que prometer resultados, pero sí se puede explicar con honestidad por qué existe una atención específica para esa franja y por qué tiene sentido no aplazarla.
Los padres que te encuentran están asustados y muchas veces buscando de noche, después de un comentario de la guardería, del pediatra o de una abuela. Hay culpa, miedo y mucha información confusa por internet. Un tono tranquilo, que informe sin alarmar y que explique qué ocurre en una primera visita, es lo que hace que llamen.
Y hay que quitar el miedo a consultar: una valoración no es un diagnóstico ni una condena, y muchas veces sirve para tranquilizar, para dar pautas o para orientar a los padres en casa. Explicar en qué consiste, cómo se hace con el niño y qué se les cuenta después desmonta la idea de que pedir cita ya es aceptar que algo va mal.