Cómo funciona la publicidad en tu sector
Aquí el cliente es casi siempre profesional: caterings que necesitan reforzar stock, restaurantes con un evento grande, fincas, agencias, comedores. No busca inspiración: busca disponibilidad, precio por unidad y condiciones claras. Una web con el catálogo por referencias, cantidades disponibles y tarifa visible convierte mucho más que una página de presentación.
Lo que decide es la logística: si entregas y recoges, en qué plazos, si hace falta devolver limpio o te encargas del lavado, cómo se embala, si hay mínimos de pedido y qué pasa si el evento se retrasa. Un catering que trabaja contra reloj valora eso por encima de unos céntimos por copa, y quien lo detalla se gana la comparación.
La política de roturas y el recuento es la fuente de todos los conflictos del sector. Explicarla por adelantado —cómo se cuenta, quién cuenta, qué se cobra por pieza rota, qué margen se admite— evita discusiones posteriores y transmite seriedad. Es justo lo que un cliente que ya ha tenido un problema con otro proveedor busca antes de contratar.
El particular existe —una comunión en casa, una fiesta grande, una boda organizada por la familia— pero es minoritario y necesita otro trato: no sabe cuántas piezas hacen falta por comensal ni qué se usa en cada momento. Una guía sencilla de cantidades convierte muy bien con ese público y casi nadie la ofrece.